La Empatía

Comunicarse con otra persona desde un lugar más profundo y comprometido no es una tarea sencilla. Pero hay formas efectivas para que este proceso empático se logre con éxito.

Mucho se ha escrito acerca de la empatía. Sin embargo, percibo la existencia de una brecha importan­te entre las teorías que la sustentan o de­finen y la práctica vivencial del proceso empático de cada persona.

Trataré de centrarme en la práctica “en vivo” de esta cualidad o recurso que parece ser que tienen,  en  mayor o en menor medida cada persona. Desde mi punto de vista, la empatía pue­de ser aprendida o desarrollada, cuando se toma conciencia de los obstáculos que la inhi­ben y de los recursos que la potencian.

Antes, me gustaría presentarle unas definiciones  básicas de empatía, que le servirá para que no se  confunda con la compasión, una emoción frecuentemen­te ligada con el deseo de aliviar un sufrimiento; ni con la simpatía, una conducta relacionada con la intención de agradar a las demás personas

Howard Gardner, en su teoría de las in­teligencias múltiples, la define como la capacidad cognitiva de percibir en un contexto común lo que la otra persona puede sentir. Se refiere a la empatía como un sentimiento objetivo de partici­pación afectiva de una persona en una realidad ajena a ella. El mismo Gardner la denomina también “inteligencia inter­personal”, (Gardner 1995).

Daniel Goleman en su libro “La Inteligen­cia Emocional” sostiene que la empatía es la más esencial de las competencias sociales. Y agrega: “La empatía es nuestro radar social. Sin ella, las personas dentro de una organización están literalmente desconectadas”. Define la empatía como una toma de conciencia de los sentimientos  y necesidades ajenas a partir de un nivel activo en los asuntos que preocupan otras personas (Goleman, 2007).

Deduzco que casi todas las personas han  escuchado aquellas  frases populares que se refieren a la  empatía, tales como “ponerse en la piel  del otro/a”, “ponerse en el lugar de la otra persona “ponerse en los zapatos del otro/a”.

El filósofo chino Chuang-Tzu sostiene que la verdadera empatía “exige ver todas las facultades. Y cuando las facultades están vacías, es todo el ser el que escucha  (Merton, 1965).

En mi experiencia práctica, el proceso no sólo implica una ampliación del  campo perceptivo de la persona y su conciencia;  sino que compromete la confianza en la sabiduría de su intuicion y sensacion visceral.  Comprendo que esta tarea no es tan sencilla, tomando en cuenta la primacía que ha tenido  en nuestra cultura lo cognitivo (lo que pienso)  por sobre lo emocional (lo que siento)

La empatía constituye, por lo tanto,  un fenómeno de comunicación en profundidad, algo así como un espacio multidimencional donde convergen palabras y silencios, movimientos y quietudes, pensamien­tos y sentimientos, presencias y au­sencias, luces y sombras.  Podría afirmar que la empatía es más una actitud que una técnica en sí misma. Una actitud que requiere desnudarse o despojarse de teorías e ideas preconce­bidas, (creencias irracionales y pensamientos automáticos) de parecerse más a un artista con experiencia que a una terapeuta experi­mentada. Una actitud que fundamental­mente se centra en la aceptación y en un genuino interés en lograr que la otra per­sona sea lo que es, haciendo a un lado los primeros impulsos de asistirla o de cambiarla.

Tomando en cuenta lo  expresado por los autores mencionados.  Concluyo que la empatía es la capacidad que tiene el ser humano para conectarse a otra persona y responder adecuadamente a las necesidades de la otra sin perder la propia identidad, compartir sus sentimientos, e ideas de tal manera que logre que la otra persona se sienta muy bien con el/ella, también sentir gustos similares a las demás personas con las que se convive, entonces, la empatía es fundamental en la comunicación humana.

La palabra comunicación deriva de “común”  lo que se tiene en  común. Por lo tanto, empatía es la capacidad de ver cada vez más aspectos positivos de la otra persona, tener más aspectos en común. Eso depende de uno/a mismo no del otro/a.  Es la capacidad de conocer tus sentimientos y percibir  los sentimientos de los/las además.

Es la capacidad de poder experimentar la realidad subjetiva de otra persona sin perder de perspectiva tu propio marco de la realidad, con la finalidad de poder guiar al otro/a a que pueda experimentar sus sentimientos de una forma completa e inmediata.

Es la capacidad de escuchar al otro/a, sin emitir juicios ni consejos, tal vez baste un abrazo, un apretón de manos, porque generalmente ese otro/a sólo necesite en ese momento una oreja que lo escuche y lo apoye.

Es la capacidad que tiene una persona para ponerse en el lugar de otro y compartir sus sentimientos.  En un sentido menos académico, y como mencioné anteriormente, implica ponerse “en los zapatos, o en la piel del otro”, de manera de entender realmente sus alegrías, penas, y sus temores.

La empatía es fundamental para comprender en profundidad el mensaje de la otra persona  y así establecer un diálogo. Esta habilidad de inferir los pensamientos y sentimientos de otros, genera sentimientos de simpatía, comprensión y ternura.

Uno de los elementos clave que forma la inteligencia emocional, es la empatía y que pertenece al dominio interpersonal. La empatía es el rasgo característico de las relaciones interpersonales exitosas. Es sin duda una habilidad que, empleada con acierto, facilita el desenvolvimiento y progreso de todo tipo de relación entre dos o más personas.

Así como la autoconciencia emocional es un elemento importantísimo en la incrementación de las habilidades intrapersonales de la inteligencia emocional, la empatía viene a ser algo así como nuestra conciencia social.  A través de ella se pueden apreciar los sentimientos y necesidades de los y las  demás, dando pie a la calidez emocional, el compromiso, el afecto y la sensibilidad.

Nuestra tarea principal consiste en ob­servar y escuchar. Existe un proverbio budista que expresa todo esto con mucha sencillez: No se limite a hacer algo, esté presente”.

Marshall Rosenberg afirma: “La empatía empieza con uno mismo. Para ofrecer empatía, necesitamos empatía”. El re­quisito previo de la empatía es la con­ciencia de sí mismo, es decir, nuestro propio darse cuenta del mundo exterior (señales del hablante), del mundo inte­rior (nuestras propias señales) y de una zona intermedia, muy diferente a las otras dos, que llamo  la zona de las fantasías. Esta última zona se refiere a toda la actividad mental que abarca más allá de lo que transcurre en el presente. Rosenberg, M. (2003)

Referencias Bibliográficas

  • Gardner, H. (1995). Inteligencias Múltiples, la teoría en la práctica. México. Editorial: Paidós S.A.
  • Goleman, D. (1999, Pág.430). La práctica de la inteligencia emocional. Barcelona. Editorial: Kairós.
  •  Goleman, D. (2007). La Inteligencia Emocional: Por Que es más Importante que el  Coefiente Intelectual. México. Javier Vergara, S. A.
  •  Merton, T. (1965) The way of Chuang-Tzu. Nueva York. Editorial:  New Directions Publishing Corporation.
  •  Rosenberg, M. (2003) Nonviolente Communication:  A language of Life. Second Edition. New York. PuddleDancer Press.